Todo lo que sufrimos será un suspiro algún día –

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Notas de un organismo bajo los efectos del Paracetamol

Como el propio título anticipa esta vez voy a hablar de las grandes experiencias que son los viajes, sobretodo aquellos que realizamos con la mente totalmente abierta a nuevas culturas y posibilidades. Sí, me refiero a aquellas escapadas espontáneas que tanto disfrutamos con esa gran compañía que son los amigos.

¿Sabéis a qué me refiero?¿Habéis realizado alguno nunca?

¿Sí? Pues no me lo contéis anda, que yo, a mis diecisiete tempranos años, me muero ansiosa por empezar una de estas maravillosas experiencias, una de las que marcan un antes y un después en tu lado espiritual (con espiritual me refiero también a mental, que yo no soy creyente, pero tampoco viene al tema).

Si, ya lo sé, que me podéis contra-argumentar diciendo que todavía soy joven y que tengo una espléndida vida por delante. Está muy bien que digáis eso y es totalmente cierto, aunque me resigno a pensar que tengo que esperar mucho más tiempo para hacerlo. Así que con vuestro permiso, o sin él, pienso irme de mochilera a algún lugar asiático y predisponer mi alma al mejor viaje de mi vida.

Se despide el hemisferio derecho de un cerebro impregnado de locura.

Una vez más

Una vez me dijiste

– todavía me acuerdo –

que podía llegar a ser bonito,

que tu no te enamorabas

(y yo tampoco)

pero que así empiezan las grandes historias.

Una vez me dijiste,

en clave,

como siempre hacíamos,

que querías verme.

Una vez me cogiste de la mano

y me susurraste al oído

frases incoherentes;

pero por tu tono de voz supe

que querías besarme.

Una vez me dijiste que te gustaba.

No quise creerte

y ahora,

sin embargo,

te quiero.

Pero ya no hay más veces.

París y nosotros

Siempre nos quedará París

París nos abandonó hace ya tiempo.

No sé el momento exacto

pero,

supongo,

que fue al darnos cuenta que lo nuestro no era,

ni mucho menos,

tan relevante como para adjudicarlo a esta gran ciudad.